viernes, 14 de diciembre de 2012

Lo personal es político: el surgimiento del feminismo radical, un texto de Alicia Puleo en Teoría Feminista: de la ilustración a la globalización


En 1968 comenzará la tercera ola del feminismo, llamado Feminismo contemporáneo que se caracterizará por los derechos civiles, los derechos de reproducción, la paridad política y el papel de las mujeres en la era de la globalización. Las obras de cabecera de este período serán “Política Sexual” de Kate Millet y “Dialéctica del Sexo” de Sulamith Firestone.

Es en los años sesenta cuando comienza el feminismo denominado radical que se centra en su análisis de las relaciones entre mujeres y hombres, dentro del nicho político que fue la izquierda contracultural sesentaiochista. Así mismo, surgieron movimientos como el movimiento negro (Black Power) que teoriza acerca de las políticas de identidad en EUA, o bien el movimiento descolonización en Europa. Fue una época dónde feministas como Jo Freeman y Shulamith Firestone pidieron el aborto y la libertad de información anticonceptiva como formas de control de sus propios cuerpos por parte de las mujeres.

El feminismo radical entiende que las relaciones mujer-hombre son relaciones políticas a partir de la raíz. Se diferencia del feminismo llamado liberal-reformista en que éste pide la integración al mundo del trabajo remunerado dentro del sistema capitalista. Al mismo tiempo, el feminismo radical se convierte en un movimiento separado de la izquierda porque no ve en ella un reconocimiento absoluto a sus reivindicaciones y dónde sigue existiendo un poder masculino. 

El concepto “poder” se concibe dentro del movimiento feminista radical como existente no sólo en relaciones macro (como las que se tienen con el Estado y con la clase dominante) sino que también en las relaciones de pareja. El concepto patriarcado será concebido en términos de cómo se estructuran las relaciones de poder. Por otro lado, el concepto de “género” que distingue entre los aspectos socio-culturales construidos de los biológicos (sexo).

El feminismo radical considera la sexualidad como construcción política, se construye toda una crítica entorno a la sexualidad dando paso al feminismo lesbiano. Algunas autoras como Monique Wittig afirmará que las lesbianas no son mujeres porque el concepto “mujer” es una categoría existente en razón al hombre, por tanto, son construcciones políticas. Mujer y hombre son dos clases antagónicas y la normatividad de la heterosexualidad es una norma que se sostiene para dividir en clases sexuales. Las lesbianas no son mujeres porque rompen esa norma y su condición abre vía para la liberación del resto de las mujeres.

Así mismo, las feministas radicales trabajaron el tema de las violencias. Por ejemplo, se estudió la violación como parte de la política patriarcal, como control sobre las mujeres.

Millet en su obra “Sexual Politics” realiza un estudio sobre las vinculaciones entre la diferencia sexual y las relaciones de poder. Para Millet el sexo tiene un cariz político que generalmente pasa desapercibido".

Millet emplea el término política para referirse a las relaciones que se establecen desde el poder con la finalidad de que el grupo dirigente mantenga el control sobre quienes domina. De ahí deriva la legitimidad para hablar de “política sexual”. Según Millet, el carácter patriarcal de la sociedad hace que las costumbres sexuales envuelvan relaciones de dominio y, por tanto, estén impregnadas de política.

Millet define el sexo es una categoría social marcada por la dominación con una construcción cultural tan marcada como que las personas actúan en función de ese sexo y de esa política sexual.

El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres. Las radicales identificaron como centros de la dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se consideraban "privadas". A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad; lo sintetizaron en un slogan: lo personal es político. Lo que ocurra en el orden de lo privado, en este caso, circunscrito a la familia, tiene consecuencias en el orden de lo social.

Para Millet en el ámbito privado- que tradicionalmente se consideraba ajeno a la política- se desarrollan las relaciones de poder que están en la base del resto de las estructuras de dominación.

Según Millet parte de la estructura de la familia patriarcal comprende el control de la vida sexual de la infancia y más allá, el control total de la infancia la cual tienen prácticamente derechos garantizados por la ley en nuestra sociedad y además, no tienen dinero, lo cual, en una economía de dinero, es una de las principales fuentes de su opresión. Millet afirma además que el problema es que existe una situación de explotación entre las personas adultas y la infancia de la misma forma que existe entre los hombres y las mujeres, las relaciones intergeneracionales tienen lugar en una situación de desigualdad.

Para Kate Millet el patriarcado es un sistema de dominación sexual. Es considerado como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta otro tipo de dominaciones, como son la de clase y raza. Afirma que el patriarcado es el fundamento de la dominación de las mujeres por los hombres. Asimismo, afirma que no solamente es de nuestra sociedad, sino de todas las civilizaciones que se han sucedido a lo largo de la historia. El patriarcado tiene una enorme capacidad para adaptarse a cualquier sistema económico, político y cultural. El patriarcado para permanecer durante tanto tiempo se ha apoyado en el hecho de que todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal, pero en general acentuaban la dimensión psicológica de la opresión. Además Millet afirma que el patriarcado, en su sentido radical, subordina de igual forma al varón joven bajo la jerarquía del varón adulto.

El patriarcado para permanecer durante tanto tiempo se ha apoyado en el hecho de que todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal, pero en general acentuaban la dimensión psicológica de la opresión. Además Millet afirma que el patriarcado, en su sentido radical, subordina de igual forma al varón joven bajo la jerarquía del varón adulto. Es decir, lo que define al final al patriarcado es la separación y diferenciación de jerarquías.

Hay una tendencia general hacia todo tipo de autoritarismo: el patriarcado, claro, el militarismo. Y es que según Millet el patriarcado se asienta sobre la ideología pero también sobre el sexo.

Además Millet demuestra cómo la identidad (temperamento y rol) femenina o masculina no están determinadas biológicamente, sino que son una construcción cultural que se aprende. Aquí la ideología que sostiene el "status" superior del hombre sobre la mujer, se basa en la construcción de un "temperamento" distinto para cada sexo, modelado de acuerdo a diversos estereotipos (masculinos y femeninos), y sobre un "papel sexual" o código de conducta que la sociedad asigna a cada uno. Es decir, el temperamento, el papel social y la posición se asientan sobre una base esencialmente cultural y no biológica. Millet afirma categóricamente que tanto la endocrinología y la genética no han conseguido hasta la fecha descubrir una disparidad mental o emocional entre ambos sexos. No sólo se carece de pruebas suficientes sobre del origen físico de las distinciones sociales que establece actualmente el patriarcado (posición, papel y temperamento), sino que resulta casi imposible valorar las desigualdades existentes por hallarse saturadas de factores culturales.

Para Millet el descubrimiento que alteró las sociedades arcaicas fue la paternidad, ya que una vez realizado el descubrimiento invalidó toda participación femenina en la creación de vida, estableciendo a la mujer cómo mera maceta portadora de vida.

Otra de las feministas radicales fue Germaine Greer. Para esta autora los roles sexuales son también creaciones sociales. Ataca las teorías de Freud que hablan de biologicismo y mujer. Freud considera, por ejemplo que el masoquismo femenino tiene un fundamento biológico. Para Greer la maternidad no era el fin de la mujer y que ésta ha de salir al ámbito público. También denunció la represión sexual femenina que algunas feministas liberales consideraban terreno peligroso para las mujeres. Greer sostiene la necesidad de hacer de la sexualidad como práctica revolucionaria.

Posteriormente, en su obra Sexo y Destino, se centrará en el tema del control natal. Además analiza la condición de mujeres e infancia en el denominado “Tercer Mundo”. Habla de la infancia explotada, el infanticidio y la mortalidad que afecta de forma preferente a las niñas porque es otra forma de control de natalidad (discriminación en alimentación y salud-cuidados).

Greer acusa al feminismo clásico de no entender la diversidad cultural y practicar un internacionalismo poco útil. Las políticas de control de natalidad son hiperpatriarcales: las mujeres del llamado Tercer Mundo desean tener hijos/as ya que ello las hace valiosas dentro de su cultural y Occidente decide que no tengan. Geer acusa a Occidente de cometer un genocidio.

Acabará viendo a la mujer liberada sexualmente como aquella que asume la maternidad, rechazando el imperativo social occidental de reemplazar hijas por orgasmos.

Como conclusión, Alicia H. Pueyo recuerda que después de la aparición del feminismo radical se tomaron diferentes rumbos por parte de las militantes de este movimiento: unas se acercarán al feminismo liberal que proponía reformas concretas mientras que otras se encaminaron al ecofeminismo. Así mismo se comenzaron a tejer redes de lucha contra la violencia sexual, etc. Se comenzaron a introducir las ideas del feminismo socialista libre de influencia marxista, el cual defiende la capacidad de adaptación del patriarcado a los diferentes sistemas de organización social existentes (tesis de Heidi Hartmann). Es decir, y explicándolo con un ejemplo práctico, para Hartmann el hecho de que las mujeres estén dentro del trabajo remunerado en los escalafones inferiores no es un hecho que venga dado por el capitalismo, sino que con otro sistema opresor que es el patriarcado. El patriarcado ya existía con anterioridad al capitalismo pero que el capitalismo ha sabido rentabilizar para sus intereses.

P.-S.
Bibliografía:

Valcárcel, Amelia La Política de las mujeres Ed. Cátedra Col. Feminismos, 2004

Arruzza, Cinzia Las sin parte: matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo Ed. Izquierda Anticapitalista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario